La Corona en el Lugar Correcto

Un pensamiento basado en Marcos 6:30-59

Los discípulos de Jesús retornaban de una importante misión que les fue encomendada (Marc. 6:7-13) y estaban tan cansados y con ganas de comer un gran asado, pero en su interior ardían las emociones y las palabras surgían una tras otra contando los resultados, dando lo reportes estremecedores de la experiencia exitosa que obtuvieron en la tarea que les fue encomendada; ¡estaban felices!  Jesús como todo buen líder y amigo los escuchaba con mucho interés, dándose cuenta del cansancio y del hambre que los agobiaba, por lo que interrumpe la charla y les sugiere que vayan a descansar al desierto… ¿Se pueden imaginar?,  ¿A quién se le ocurriría invitar a sus compañeros para ir al desierto a descansar?

Me parece una locura ir a un lugar inhóspito, con mucho calor, arena que penetran en los ojos, los oídos y por todas partes; pero Jesús, el Maestro así lo hizo. Y bueno, lo cierto y lo concreto es que subieron a una barca y fueron hacia el desierto, pero… ¿Quién pensaría que en el desierto habría tanta necesidad y que muchos se animaron a seguirles queriendo encontrar soluciones a sus diversos problemas?

5000 personas fueron detrás de ellos, lo que representaba seguramente 5.000 problemas que resolver y para colmo Jesús se compadece tanto de ellos y los enseñaba principios que debían aplicar a sus vidas para enfrentar y dar solución a sus problemas. Esta gente no tenía a alguien que los orientara. Quizás estaban llenos de informaciones, pero no tenían a alguien que los orientara.

Me imagino que se sentían como cuando se compra un electrodoméstico que no tiene las instrucciones de cómo usarlo y en esta oportunidad estaban frente al Maestro por excelencia, el Hijo de Dios, Creador de sus vidas que podía instruirlos cómo aplicar a sus vidas las instrucciones preparadas para el buen relacionamiento con Dios, con sus familias, con la creación.

La lección que puedo sacar de todo esto es que Dios se preocupa por nuestra vida y quiere que descansemos, aunque el descanso sea en el desierto con tantas circunstancias adversas.

Creo que Dios ha permitido que hoy un virus invisible nos obligue a encerrarnos en nuestras casas, a cerrar nuestras puertas y dejar de lado lo que nos parecía urgente o nos hacía sentir indispensables protagonistas de un sinfín de actividades y caemos en la cuenta que no eran tan necesarias. Este enemigo invisible ha sembrado muerte a su paso, pero nos hace valorar que lo mejor que tenemos los seres humanos, como Imagen y semejanza de Dios y que solo nosotros lo podemos hacer son los abrazos, besos, acercamiento con demostración de afecto, el acercamiento tan indispensable del día a día. Nos estamos dando cuenta que no somos máquinas insensibles sin la necesidad de afecto.

Hoy carecemos y tenemos hambre de estar con nuestros seres queridos porque nos han aislado. Estamos en un desierto de encuentros, acercamientos, largas conversaciones, compartir recreos, comidas, largas charlas, pero esto no es el final…

Jesús nos anima, Él está pendiente de nosotros y es un tiempo de descanso, de estar conectados a Él, de buscarlo, de acercarnos para recibir instrucciones directamente de Él para enfocarnos en lo más importante, para deshacernos de lo que hemos considerado imprescindible, porque eran simplemente distracciones que nos desviaban de Su propósito.

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