El Lugar Perfecto para Servir a Dios

Martín es un empresario de reconocida trayectoria y goza de muy buena reputación. Es influyente y se mueve en un ámbito social de alto nivel. Interactúa con personas poderosas económicamente.

Andrea se desempeña como docente a tiempo completo y es miembro del Consejo Superior Universitario en una Universidad Pública. Es considerada una de las mejores en su área. La misma es respetada y estimada por toda la comunidad educativa.

Julio es vendedor ambulante. Todos los días sale temprano de su casa para vender sus productos y así sustentar a su familia. Es hombre muy querido por sus vecinos y amigos de la calle con quienes todos los días comparte la Palabra de Dios.

A pesar de que Martín, Andrea y Julio, tienen vidas muy distintas y se mueven en ámbitos diferentes, ellos tienen algo en común y es que son cristianos, conocedores de la Biblia y se congregan en la misma iglesia. Cada domingo, dejan de ser el empresario, la docente y el vendedor, y comparten como verdaderos hermanos en Cristo, entendiendo que ninguno es superior al otro delante de Dios, aunque lo sean para la sociedad.

Lo importante en esta historia es entender lo relevantes que son sus roles en la sociedad, ya que se mueven en ámbitos distintos por ende cada uno tiene un alcance exclusivo para compartir el evangelio. Es decir, Martín tiene la posibilidad de compartir el evangelio con personas que Andrea y Julio no tienen mucho acceso por razones sociales, al igual que Andrea y Martín difícilmente tengan apertura (de parte de los receptores) para interactuar con los amigos de Julio quienes en muchos casos están en situación de calle. No porque Martín o Andrea no quieran hablar de Cristo a gente de la calle o que Julio no tenga la capacidad de predicar a empresarios o a directivos de la universidad, sino porque la realidad social impide muchas veces que se den este tipo de situaciones.

Esto nos demuestra lo importantes que somos en los sectores en que nos movemos, ya que es el ámbito donde Dios mismo nos colocó para hablar de Él hasta con nuestras vidas mismas. Al igual que Martín, Andrea y Julio, nosotros tenemos la magnífica posibilidad de predicar el evangelio a personas a las que tal vez otros creyentes no pueden acceder fácilmente.

Es un error separar nuestra rutina diaria con nuestro cristianismo y convertirnos en cristianos de fin de semana. No debemos esperar evangelizar y hablar de Dios solamente cuando convocan salidas evangelísticas o algún otro evento eclesiástico. Sin darnos cuenta caemos en eso, pero déjanos decirte que tu vida debe ser un reflejo constante de Jesús. Debemos vivir de tal manera que la gente quiera conocerlo y estar abiertos y listos para hablar de nuestro Señor en cualquier lugar ya sea con palabras o con hechos, necesitamos ser intencionales en todo tiempo.

Así que, queridos lectores, el ámbito en que nos movemos es el perfecto para servir a nuestro Padre Celestial, y las personas con las que interactuamos deben recibir algo de Dios todos los días a través de nosotros, que nuestro andar diario por esta vida sea estratégico para llenar del evangelio a todo nuestro entorno.

¡QUÉ PRIVILEGIO PODER SERVIRTE Y HABLAR DE TI, SEÑOR!

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