Relación Familiar en Cuarentena

Hoy nos vemos obligados a convivir con la familia más tiempo que nunca. No es posible encontrarse de manera física con amigos ni asistir a reuniones o ir a trabajar. Si de alguna manera esas actividades nos ayudaban a poder evadir ciertos conflictos familiares o tener que lidiar constantemente con los hijos o la pareja, o desconectarse y despejarse, hoy nos encontramos en una situación en donde no podemos eludir todo eso, y en consecuencia es probable que nos sintamos frustrados o hastiados quizás de todo esto.

¿Qué salida podemos encontrar? ¿Cómo lidiar con esos sentimientos? ¿Qué nos dice la Palabra de Dios al respecto? ¿Contempla la Biblia principios que nos ayuden a la convivencia familiar? Si, la Palabra de Dios está llena de sabiduría para todos los aspectos de nuestra vida, hasta los más insospechados. Además de todos los versículos que se refieren específicamente a la relación familiar, como aquellos que anima a los esposos a amar a su esposa y a la esposa a respetar a su esposo, o donde insta a los hijos a ser obedientes a los padres y a estos a no provocarles a la ira, en este artículo compartiremos unos principios de las Escrituras que nos instan a llevar una relación armoniosa y de paz.

Al leer Colosenses 3:12-17, la mayoría de las veces atribuimos esos versículos a la convivencia eclesial, pero en este caso, lo adaptaremos a nuestra familia, la cual es nuestro primer ministerio. Los principios que podemos extraer de estos versículos para aplicar a la relación familiar son los siguientes:

  • Tratarnos con compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia (V.12). La mayoría de las veces mostramos nuestra mejor versión con los de afuera y nos damos permiso para estar irritados y responder mal en nuestra casa, sin embargo, si empezamos a buscar intencionalmente actuar de la manera citada en el versículo y si pedimos al Espíritu Santo que nos ayude, lograremos una relación familiar más agradable y llevadera, especialmente en este tiempo. Si nos proponemos cultivar estos sentimientos en nuestro hogar, allí donde somos nosotros mismos, donde no podemos fingir, la convivencia será todo un éxito.

  • Soportarnos y perdonarnos unos a otros (V.13). La clave para una buena relación familiar no es ser infalibles y siempre asertivos, la clave es saber pedir perdón si hemos errado y perdonar si han fallado con nosotros. Debemos ser conscientes que no es un mérito soportar a los demás puesto que estos a su vez tienen que soportarnos a nosotros. Por tal motivo es fundamental aprender a perdonar y a pedir perdón para que la relación familiar sea pasadera.

  • Revestirnos de amor, que es el lazo de la perfecta unión (V.14). Si estamos abrigando sentimientos de rencor, enemistad o ingratitud, es de vital importancia quitarnos esa ropa y vestirnos del amor, pues el amor perdona multitud de faltas cometidas (1 Pedro 4:8). No hay lazo más fuerte y más perfecto que el amor.

  • La paz de Cristo reine en nuestros corazones (V.15). Toda esta situación mundial que estamos viviendo, el hecho de estar obligados a estar encerrados, la falta de socialización y la incertidumbre en cuanto al futuro generan ansiedad, angustia y preocupación. Por tal motivo es necesario que nos aferremos a la Palabra de Dios, en Sus promesas y depositemos nuestra confianza en Él, para que así reine en nuestro corazón esa paz que sobrepasa todo entendimiento (Fil. 4: 7).

  • Ser agradecidos (V.15). Es sabido que, según algunas investigaciones, sentir gratitud o realizar actos de bondad estimula el hipotálamo, es decir, la parte de nuestro cerebro que regula una serie de funciones corporales, incluido el estrés; inundando el cerebro con una sustancia química llamada dopamina que produce la sensación de bienestar, felicidad, placer y vitalidad. Considerando lo precedente se podría entender que el ser ingratos o quejosos produciría el efecto contrario en el cerebro, por lo tanto, se denota la importancia de ser agradecidos en este tiempo que genera mucho estrés y angustia en nuestras vidas. La consecuencia de ser agradecidos en nuestra relación familiar será generar un ambiente agradable y de bienestar.

  • El mensaje de Cristo permanezca siempre en nosotros (V.16). Nuestros pensamientos gobiernan nuestra vida y emociones. El proverbio dice, Porque cuál es su pensamiento en su corazón, tal es él (Prov. 23:7) y en la carta a los Filipenses, Pablo exhorta a pensar en todo lo bueno, todo lo amable, en lo que es digno de alabanza para que el resultado sea paz en el corazón (Fil.4:8). La Palabra de Dios está llena de tesoros que enriquecerán nuestra vida si meditamos en ella. Si en nuestra mente habita la Palabra de Dios, no podrán habitar al mismo tiempo los malos pensamientos o el pesimismo que provoca tensión en las relaciones.

  • Cantar a Dios salmos, himnos y cantos espirituales (V.16). La neurociencia también recalca la importancia de la música para el cerebro. La música contribuye al tratamiento paliativo del dolor. Asimismo, puede mitigar la ansiedad y la depresión. ¡Qué consejo más actual a pesar de ser antiguo! Definitivamente la Palabra de Dios es nuestro manual de vida en donde encontramos las instrucciones para su perfecto funcionamiento de parte del Autor del Universo. Entonces, para disminuir la ansiedad, el estrés y la depresión que genera este tiempo de encierro, cantemos al Señor, alabémosle por todo lo que Él es y hace: no hay mejor terapia.

  • Todo lo que hagamos o digamos, hagámoslo en el nombre del Señor Jesús (V.17). “El trabajo en casa nunca acaba”, “Es tu turno de hacer la limpieza”, “Siempre tengo que hacerlo todo yo”, etc., etc. Son algunas de las frases que repetimos cotidianamente cuando se trata del servicio en la casa. Sin embargo si nuestra perspectiva es que lo que estamos haciendo es para Dios, sea lo que fuera, lo haremos sin queja y con más entusiasmo. El Señor ve todo, conoce nuestro corazón y nuestras intenciones. Si filtro lo que digo, sabiendo que lo estoy diciendo al Señor, mi forma de hacerlo y actitud cambiará.

Si somos capaces de aplicar estos principios en nuestro diario vivir hacia las personas con quienes convivimos, nuestra relación familiar, en este tiempo, será llevadera y de mucha bendición.

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