Una pesca maravillosa

Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado;  más en tu palabra echaré la red. Lucas 5:5

Ya amanecía cuando Jesús vio a algunos pescadores que lavaban sus redes, antes de regresar a sus casas. El trabajo de toda una noche no fue rentable, no pescaron nada. Simón-Pedro era un buen pescador, no le faltó capacidad, planificó, se esforzó, trabajó arduamente, pero su esfuerzo no produjo nada.

Jesús se acercó hasta Simón, un hombre cansado y frustrado, y prestó su barco para hablarle a una multitud que estaba en la playa. Luego, Jesús le pidió a Simón, algo que no se lo pide a alguien que está cansado y frustrado: “Intentar de nuevo”.

Otra vez en el mismo lugar, de la misma manera y en la hora más inapropiada. Pedro habrá pensado: “Este Jesús es un buen predicador, pero no entiende nada de pescaría, pues este es el peor horario para pescar”.

¿Cuántas veces ya se sintió como Simón-Pedro? Planificó con anticipación, trabajó con dedicación y buscó hacer las cosas con excelencia. Pero no consiguió los resultados que esperaba, al contrario, solo obtuvo cansancio y frustración.

¡Bienvenido al barco! Hoy Jesús nos pide para que volvamos a lanzar nuestras redes.

Pedro decidió lanzar nuevamente sus redes para obedecer “la palabra de Jesús” y como resultado:
1. Sus redes se llenaron con peces.
2. Tuvo abundancia para compartir con otros.

Desafío: Escuche la Palabra del Señor y no las voces del cansancio y la frustración.

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