Zona de Confort

¿Imaginaste alguna vez, saltar desde una altura atado de una cuerda de elásticos? ¿O, hacer un salto en paracaídas? ¿O estar frente a un auditorio lleno de personas?

A todos nos habrá tocado en algún momento de nuestra vida, hacer algo que no estábamos acostumbrados a hacer, o simplemente nunca antes lo habíamos hecho. El resultado, pudo haber sido tan diverso, y hasta sorprendernos. Lo que si estamos seguros es que, cualquiera haya sido la situación, no habrá sido una situación cómoda.

Cuando escuchamos el término “Salir de la zona de confort”, definitivamente no se trata de una situación agradable, pero se suele decir que el primer beneficiado es uno mismo pues le da otra perspectiva, otro enfoque, y hasta tiene una incidencia positiva en lo que uno esta acostumbrado a hacer.

Bueno, esta es una de esas situaciones para mí, pues, muy pocas veces me vi involucrado en este tipo de desafíos, y agradezco esta oportunidad.

Pensando, en el tema que debía compartir, hay un hecho que durante mucho tiempo de mi vida de iglesia, observe en personas con las que me toco compartir y también fue mi propia experiencia. Hoy, quiero dejarte un desafío.

Muchos, sentimos el llamado a trabajar en algún ministerio dentro de la Iglesia, pero antes buscamos ordenar nuestras vidas, prepararnos, acomodar el tiempo y actividades y solo cuando se unen todas las piezas (y si nos animamos), decidimos involucrarnos en la obra de Dios, si es que eso llega a ocurrir.

Cuando pienso en esto, solo me viene a la mente a los discípulos de Jesús. Hombres de diferentes estratos sociales, diferente preparación. Observando más de cerca podemos encontrar pescadores, un recaudador de impuesto, un administrador, un guerrillero y personas comunes. Hasta me animaría a decir que ninguno de ellos estaba esperando, ni mucho menos buscando trabajar en la obra de Dios. Fueron personas que recibieron el llamado, y no lo ignoraron. Exactamente el tipo de personas que formamos parte del cuerpo de Cristo en Su Iglesia hoy, y recibimos Su llamado.

El enemigo es muy astuto, conoce nuestras debilidades y las ataca sistemáticamente para mantenernos distraídos, ocupados y lejos de la obra de Dios. Nuestra naturaleza busca siempre resolver todo por nuestros propios medios, ignorando al Dios que nos llamó y también nos provee lo necesario para trabajar en Su obra de forma excelente y completa. La misma Biblia, la Palabra De Dios, cuyos autores, y de nuevo, de diferentes profesiones, estratos sociales y lenguas tienen a un Gran Coordinador, que no permitió que Su mensaje se distorsione ni desvíe en lo más mínimo. 

Ese mismo Dios es Él que nos llama hoy.

Dos ejemplos de muchos, que encuentro en la Biblia al respecto.

En el capítulo 3 de  Éxodo vemos el llamamiento de Moisés quien fue elegido por Dios para guiar a libertad a Su pueblo de opresión y esclavitud en Egipto. Si bien, responde al llamado (v.4), al plantearse el desafío duda de su capacidad (v.11/4:10). Pero Dios siempre, se encarga de equipar a quienes llama para Su servicio (v.12), y poner compañeros adecuados (4:14).

El segundo ejemplo, es el Apóstol Pablo, cuyo antecedente era nefasto para los cristianos. (Pero no podemos poner límites al poder de nuestro Dios y Sus planes). En 2 Corintios 12, el apóstol Pablo relata de “un aguijón en mi carne” (v.7) que evidentemente era algo molesto e incómodo. Pero Dios, en Su voluntad, decidió no quitar ese aguijón, y aun así Pablo continuo con su servicio, pues Dios contestó con uno a Su pedido, revelándole lo más increíble, que me incentivo y cambio mi manera de pensar respecto al ministerio en el cual estoy involucrado: en el versículo 9, Dios revela la forma en que trabaja en nosotros y con nosotros. El poder de Dios se perfecciona en nuestros defectos y debilidades.

Dios no está buscando productos terminados, porque sabe que si fuera por nosotros, no va a tener nada. Más bien, Él revela Su poder (sobrenatural) en las cosas que nos cuestan, en nuestras  luchas con las que lidiamos y no sabemos como resolver. La única condición es que, respondamos a Su llamado, y que nos pongamos en Sus manos para que Él trabaje en esas cosas que para nosotros no son más que derrotas y fracasos, pero en Sus manos son milagros inesperados.

No puedo terminar, sin antes preguntarte: 

¿Qué estás esperando para involucrarte en la obra de Dios?

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