¿Quién gobierna mi vida?

Cuando pienso en gobierno, inmediatamente mi mente lo asocia al concepto de Obediencia, porque creo que para responder a la pregunta de ¿Quién gobierna mi vida?, debo responder a la pregunta: ¿a quién obedezco o rindo cuentas?

Con estas premisas me remonto a revisar los archivos de mis pensamientos para ver de dónde obtuve, primeramente, mi noción de obediencia y vienen a mi memoria mis años de adolescencia, y aquí el protagonista de mis recuerdos es mi padre, que como buen policía ha impartido en nosotros el concepto de obediencia, disciplina y respeto de una forma verticalista y no deliberante como parte de su formación en la institución. Mi padre tenía la firmeza, pero al mismo tiempo la ternura para hacer ejecutar sus mandamientos dentro de nuestro hogar.

Fue así que la frase acuñada era: “Mientras que se viva bajo este techo, se hace lo que tu mamá y yo decidimos.” Y sin mediar palabras era la condición única que debíamos acatar decidiendo y haciendo en conformidad con las reglas que ellos impartían.  A todo esto, se sumó que con la edad de 15 años empecé también a trabajar en la institución policial y por supuesto allí seguí acatando las órdenes de mis superiores y moldeando mi carácter a una disciplina verticalista y no deliberante. Nunca debía cuestionar las órdenes emanadas de un superior, aunque a medida que adquiría más conocimientos me daba cuenta de que muchas veces había equivocaciones y tenía una lucha interna para exponer lo que yo consideraba correcto. Esa etapa era difícil, pero poco a poco me armaba de valor y con el mayor respeto y amabilidad exponía mi punto de vista y en mi pensamiento siempre decía: “Lo máximo que puedo recibir es un No.”, y así también exponía mis desacuerdos cuando consideraba que no era correcta la orden recibida.

Con todos estos argumentos, fui formándome y aprendiendo de mis jefes que yo podía desacatar cualquier orden que no estuviera alineada con la constitución nacional, pues esta es el parámetro máximo para nuestra protección ante cualquier orden que no se alinee con ella.  También entendí que las leyes están para proteger a las personas y que nos dan una dirección en cuanto a decir Si o No a las órdenes que nos daban.

En esa etapa de mi vida tuve fuertes convulsiones a raíz de una irritación cerebral, situación que desembocó en una falta de seguridad física, emocional y espiritual, pues no hay nada peor que perder el dominio del cuerpo y es allí donde comienzan las inseguridades, pues al perder el control de nuestro propio cuerpo, ¿cómo podríamos gobernar acciones tan simples para ir de un lugar a otro con la seguridad de que no habrá accidentes?,  y el hecho de estar dependiendo de otras personas que acompañen los quehaceres habituales, con facilidad crea una sensación de inseguridad interna.

Entendí cuán importante es el gobierno sobre nuestros propios cuerpos, nuestras emociones y todo lo que nos rodea. Creo que todo comienza con el autogobierno. Cuando somos niños dependemos de nuestros progenitores; cuando llegamos a la etapa de la adolescencia vamos siendo más independientes, pero al ser adultos comprendemos que la interdependencia es vital en todo relacionamiento, y el factor determinante para mantener relaciones sanas es el autogobierno poniendo en orden mis prioridades y respetando a cada persona con quienes nos relacionamos.
     
Volviendo al tema de obediencia para saber quién gobierna mi vida, he aprendido del libro de instrucciones que nos ha dado nuestro Creador, que siendo Él, el Autor de todas las cosas que rigen el universo, ha dispuesto leyes físicas y morales.

Las leyes físicas son de efecto inmediato, como por ejemplo la caída desde un edificio alto puede tener consecuencias trágicas, pues la ley de la gravedad sobre los cuerpos es de efecto instantáneo.

Las leyes morales también tienen un efecto sobre nuestras vidas, quizás no de efecto inmediato como la anterior, pero el efecto es irremediablemente tan fuerte que nos puede llevar a situaciones mucho más peligrosas, afectando nuestras vidas y nuestras relaciones.

VIDA DE OBEDIENCIA: Cuando Dios creó el universo había condiciones para Su estabilidad. (Génesis 2:17). "Debemos volvernos con fe a Jesucristo y mostrar nuestro amor a Dios por medio de la obediencia a Sus órdenes." (MS 1, 1982). Dios quiere que el hombre haga una elección de principios. Al aceptar a Dios, debe someterse a Su voluntad y vivir la vida del reino de Dios guardando Su ley (Juan 14:15).

Dios dio a Moisés las tablas en las que estaban escritas los 10 mandamientos, para guiar al pueblo en una sana convivencia, y esas leyes son eternas. Esas mismas leyes están incrustadas en nuestras conciencias que con una voz suave nos indica lo bueno o lo malo; y así mismo, Dios proveyó al hombre la sabiduría para crear leyes justas que puedan reflejar su esencia en las naciones.

En lo que a mí respecta puedo contestar que estoy sujeta a los mandamientos del Reino de Dios, cuyo Rey es Jesús y es Quien tiene el poder sobre toda Su creación. Su reino está regido por leyes físicas y leyes morales que nos dan una clara orientación para desenvolvernos cumpliendo Sus ordenanzas siendo buenos mayordomos cumpliendo la misión asignada hasta Su retorno.

DEBEMOS OBEDECER AL GOBIERNO. Como cristianos debemos  de obedecer al gobierno, no importa si es de nuestro agrado o no, debemos respetar y obedecer, por conciencia, no por fuerza de la ley. Romanos 13:5 - "Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia." Debemos de someternos, respetar las leyes. (1 Pedro 2:13-14)

Y como ciudadana de un país libre y soberano donde también rigen las leyes de la Constitución nacional que nos da un marco de seguridad cuando nos regimos por ellas para un desenvolvimiento ordenado y armónico en todo el territorio nacional.

Así que tenemos todo lo esencial y solo depende de nosotros decidir Quién gobierna nuestras vidas.

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